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Hora de comida y cena, hábitos y rutinas en la mesa desde la infancia

 

A medida que los niños comienzan a crecer se hacen necesarios una serie de hábitos y rutinas básicos en su alimentación, el primero consiste en intentar que se sienten a la mesa con el resto de la familia cuanto antes. Quizá nos encontremos con obstáculos como el horario, pues nosotros comemos más tarde que nuestro hijo y no solemos coincidir o quizá el niño come en el colegio, entonces podemos practicar en la cena, momento para reunirnos toda la familia.

Es importante que acomodado en su trona y vaya probando trocitos de los diversos alimentos que tenemos en la mesa para que se familiarice con ellos lo más pronto posible; desde la trona podrá observar nuestras costumbres en la mesa, las rutinas alimenticias, participar en nuestras conversaciones…, al principio preferirán comer con las manos y se manchará continuamente.

Una vez logrado esto, empezaremos por inculcar a nuestro hijo los rituales que anteceden y preceden a las comidas y a las cenas: “Antes de comer debemos animar al niño a que se lave las manos, después solicitaremos su ayuda para poner la mesa, a continuación se sentará en su trona por último, se pondrá el babero o la servilleta… después de comer, se quitará el babero, ayudará a recoger la mesa y se lavará los dientes y las manos”.

Es importante ir resaltando los progresos que consigue el niño para motivarlo con el fin de que continúe colaborando en sus propios aprendizajes: podemos aplaudir y elogiar lo poquito que va ensuciando el babero, su habilidad en el manejo de los cubiertos, el saber sentarse en la silla de los mayores en lugar de la trona…

¿Negociar es “siempre” la postura más adecuada?

A veces, utilizamos determinados alimentos para premiar o castigar a los niños. Es fundamental que consideremos la comida como un fin, no como un instrumento para conseguir determinados objetivos con nuestros hijos. Si mezclamos la alimentación con las emociones, en un futuro los niños se acostumbrarán a ello.

Otro asunto es comerse todo y/o comer lo que toque cada día. En estos casos, si no le gusta demasiado, podemos servirle menos con el objetivo de que se coma todo lo que hay en el plato y después repita. Cuando se trata de introducir sabores y texturas nuevas intentaremos acompañarlos de alimentos que les gusten especialmente y les motivaremos asociándolos con sabores que ya conocen experimentando cuáles les recuerdan.

Tampoco es aconsejable que sustituyan, unos platos por otros más de su antojo, todos los platos son importantes. Aquí sólo haremos una excepción con aquellos alimentos que provocan en nuestros hijos intolerancia o repugnancia excesiva.

Podemos animar a nuestros hijos a ser “pinches” en nuestra cocina realizando las tareas culinarias más sencillas, y a que nos acompañen el fin de semana al mercado para que nos ayuden a elegir determinados productos, bajo nuestra supervisión.

¿Puedo comer “YO solit@?

Entre los 2 y 4 años encontramos la edad ideal para que empiece a comer solo. A partir de los dos años le empezaremos a explicar cómo mover la mano para que no se derrame el contenido de la cuchara, actuaremos con paciencia y sin regañar si se mancha o se vierte el contenido. Los niños aprenden por imitación por ello es importarte no coartar sus iniciativas aunque no tengan “buena maña” o manejen lentamente los cubiertos.

Conviene tener a mano:

  • Una trona o silla elevada para que se sitúe a la misma altura que nosotros.
  • Un babero grande o un baby de plástico para que no se manche demasiado la ropa que lleva puesta.
  • Unos cubiertos adaptados al tamaño de su mano y de su boca para facilitar el proceso de hacerse con la comida.
  • Un plato hondo para que pueda llenar la cuchara apoyándose en los bordes.

¿Qué ocurre cuando nos encontramos…?

  • Niños que desde que son bebés se muestran inapetentes.
  • Niños que comen con gran lentitud y reclaman una gran dosis de paciencia.
  • Niños que rechazan cambios en los alimentos o sabores nuevos.
  • Niños que no quieren comer solos.
  • Niños que vomitan con frecuencia y se acostumbran a hacerlo sin reparos.
  • Niños que rumian o “hacen bola” con la mayoría de las comidas.
  •  Niños que no se concentran y se distraen con objetos.

Pautas a tener en cuenta:

  • La hora de comer o de cenar no debe convertirse en un rato de pulso. Intentaremos considerar la comida como un privilegio más que como una obligación. No nos enfadaremos y evitaremos comentar continuamente cómo está comiendo.
  • Trataremos de ser rutinarios en los horarios, las formas, las posiciones… Intentaremos que sea en la misma mesa, a la misma hora, con su mantel, con su vaso y su plato…
  • Nos propondremos exigencias moderadas. Intentaremos que esté bien alimentado y de forma equilibrada sin agobiarnos, pues quizá algunos días el niño tenga menos ganas de comer.
  • Nos propondremos que no coma entre horas. Si tiene hambre y tiende a “picotear” chucherías, es preferible que coma más veces durante el día pero en menor cantidad.
  • Presentaremos de forma atractiva los platos. Los niños más inapetentes se alimentan en ocasiones “con la vista”, comidas menos apetecibles que aparezcan bien preparadas serán de gran estímulo para ellos.

Ana Roa, pedagoga. Autora de “¡Vive la Vida!” y “El Yo infantil y sus circunstancias”.

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Ana Roa

About Ana Roa

Pedagoga, especializada en TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y colabora con muchas editoriales pedagógicas y medios de comunicación. Autora de los libros ¡Vive la vida! y El Yo infantil y sus Circunstancias, sobre educación emocional.

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